jueves, 21 de julio de 2016

Yo me vi

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Paul Fernando Morillo

Lewisville, N.C. Usa


Habitaba mi metro cuadrado de existencia sobre las hojas secas y palos quebrados del bosque de eucaliptos, concentrado, de pie, experimentando una disociación del estado terráqueo. Las primeras sombras cubrieron las copas altas de los eucaliptos en Abril. Me sentía tan a gusto disfrutando de esta merecida merienda de la vista, los sentidos y el corazón. Hacía tanto tiempo que limitaba mis salidas de casa, y de mi mismo, encerrado en los adefesios del mirarme como a un pobre gusano. La ineptitud mataba mi cuerpo a sorbos. Entonces llegó Abril con sus cantos sinfónicos y sus experiencias de colores y vientos cálidos. Decidí visitar el bosque más cercano, y aquí me encuentro disfrutando de las maravillas de la naturaleza en los primeros días primaverales.
Las sombras de las copas alargaron sus cuerpos amorfos, extendieron sus tentáculos  largos y perennes, los cánticos de los pájaros pasaron a ser una letanía de sonidos, extraños lamentos, animales copulando con chirridos de llamada a muerte. Traté de regresar a mi auto, pero las sombras lo cubrían todo, perdí el sendero. Mis espaldas estaban con las sombras y mi pecho estaba con las cobijas frías de la noche que se venía encima, Abril, abrigado en el día y frio en las noches.
Intenté sentarme en la silla de ruedas, pero perdí el equilibrio, caí de bruces y me acomodé usando mis codos de cara al cielo. Atribuyo mis escasas lágrimas a la impotencia de salir corriendo a cualquier lado, el instinto gusano se apoderó de mis sentimientos interiores . En la bóveda negri-azul, los primeros luceros comienzan a sonreír lo que el seso juzga, mi desgracia. Los animales ocultos, de los que se destacan los pájaros en los árboles, provocan los ruidos más extraños que mis oídos han captado en los 96 años que llevo de vida vertical y 4 esclavizado a unas ruedas como ruecas que tejen el destino. Me enfrento a pasar una noche en esta soledad, propia, aunada por los llantos, risas y gritos de los animales de la noche.
Consigo esclarecer los pensamientos furtivos que la tragedia trae consigo siempre, me retracto de mi presente situación por unos segundos o minutos, no lo puedo medir, pienso más que nada, en lo que representa morir a la intemperie, la noticia en los diarios: “Viejo decrépito muere en el bosque, el infeliz gusano perdió el sendero de regreso”. Me corrijo: "Presunto" viejo decrépito, como dan las noticias los noticieros, todo es presumible digo, y se escapa una media sonrisa de sorna.
Un sueño alegre, cauteloso escapa de las hojas del árbol de eucalipto en flor cercano, me llena el cerebro y navego con él. Asciendo a la mitad de los árboles, unos veinte metros, miro la silla volcada, al lado derecho mi cuerpo recostado. Quiero subir más alto, llegar a la bóveda negra ahora, despido mi cuerpo, miro atrás de las copas de los árboles y encuentro que a cincuenta míseros metros esta mi auto aparcado. Me retracto, veo una posibilidad de seguir vivo, aunque sea atado a la monotonía de las ruedas. Quiero volver, pero no sé ni cómo me salí y no tengo idea de cómo regresar. Presunto viejo decrépito huevón se sale del cuerpo y no sabe cómo volver, pienso. Mi mente alista sus corrientes magnéticas para divagar por siempre entre los eucaliptos con sus olores de tierra y mentol, de naturaleza, de ti, de mí.
Despierto de un sueño estrafalario y activo, estoy en la casa de ancianos y mis ojos se desesperan por querer dar vida a mis piernas y volver al bosque de eucaliptos de mis sueños que queda justo enfrente del ancianato, para caminar por siempre entre los olores y los sueños. No tengo aprensión por la separación de la carne y la energía. Afuera de mi cuarto oigo llanto y congojas, no conozco a nadie, siento pena y alivio, no se por qué. Un cosquilleo en mis piernas me provoca correr libre, y los eucaliptos me llaman, me gritan, me acosan, me jalan, miro la silla de ruedas y río de la esclavitud, de la mente, de la vida. Grito llamando la atención de mi bosque, aquí voy, aquí estoy, espérame, ya voy, ya estoy, ya soy.




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