lunes, 15 de enero de 2018

Las tardes de Juan y Medio

Brigida Rivas Ordoñez 

Alicante, España

Tengo mucho tiempo, me pongo a limpiar.
Esto está que brilla, vaya aburrimiento.
Entro a la cocina, cojo el delantal,
voy a la terraza y riego los tiestos.
Sale el alguacil del Ayuntamiento,
la Paca, la Trini, la Julia, el Anselmo,
se encuentran, se ríen, ¡qué arreglados van!
me he vuelto cotilla por la soledad.
Abro la nevera y cojo un pastel.
Me siento muy sola, me quedo pensando.
Me comería otro, me estoy engordando.
Los hijos marcharon, dejaron el nido.
Él me abandonó?, se ha muerto?, SE HA IDO?
Lo examino todo, lo vuelvo a mirar,
llorando día y noche  en mi soldad.
Una buena amiga, un día me contó:
-"Chica, no te apures, tienes solución
mañana, en mi casa, después de almorzar,
con CANAL-SUR-TELE, vas a conectar"
Poco me esperaba lo que presencié:
Fulano, Mengana, Paquita y Daniel,
cuentan sus historias, que vienen a ser,
igual que la mía, derecho y revés.
Cojo el aparato, mi amiga me indica.
-"todo está arreglado, ya tengo mi cita".
¡Mujer atrevida! ¡Vaya sofocón!
 Me tiemblan las piernas, late el corazón.
¿Qué diré a mis hijos, a mi madre, al pueblo?
y vaya usté  a ver qué dice mi yerno.
Todos lo sabrán, mañana no salgo ni a comprar el pan.
¡Peor el remedio que la enfermedad!
Corriendo los días, se me va pasando.
Entre broma y veras, me voy conformando.
¿Limpieza de cutis, me cortaré el pelo?,
ensayo posturas, me miro al espejo.
Tengo que cuidar que tuerzo la boca.
Todos me aconsejan , yo me vuelvo loca.
Y llegado el día, el pueblo se vuelca.
Estoy aturdida, ¡Señor, que vergüenza!
Ya salto a las ondas, y el presentador,
¡Ay, qué hombre tan grande, válgame el Señor!
me vio reflejada en el monitor:
¡Cómo me ha dejado el maquillador!
me han hecho un peinado favorecedor
y sobre la frente me cae un mechón.
Los ojos, la boca, todo muy realzado,
y apenas se nota que la tuerzo a un lado.
También en la imagen se nota muy claro,
el cordón de oro, a plazos comprado.
  pendientes, pulsera, la sortija a juego,
y el reloj moderno de diseño nuevo.
me presenta al público: -"se llama  Leonor",
y  está con nosotros, por si algún señor,
entre los cincuenta y sesenta y dos,
que sea cariñoso y conversador,
que le guste el campo, el viajar, el baile,
que no tenga cargas, ni sea bebedor,
quisiera aceptar su proposición.
Ahora, Juan y Medio, el presentador,
habla de mi infancia, y mi adolescencia.
me pregunta cosas, se mete en materia.
Llegado al casorio, hay mucho que hablar.
-"Cuando conocí  al que fue mi esposo,
la misa, el rosario, hija de María,
ese era mi mundo, lo que conocía.
Yo era una chiquilla, y él casi un mocoso.
Y no lo encontraba nada sospechoso.
Siempre le gustaba la luz apagá.
"Ven por la vereda, que está más cerquita,
quítate el abrigo, te vas a asfixiar
si te doy un beso, no va a pasar ná.
Y dame las manos, las tienes helás,
déjame meterlas en este bolsillo,
y verás que gusto te da el calorcillo.
Y tenía razón, mis manos estaban en congelación.
"Ay, Pepe, ¿qué es esto tan largo que tienes aquí?
Pa que te calientes. Apriétalo así"
Juan se vuelve al público, que ríe gozoso.
pero no es pa tanto, porque en aquel tiempo,
le ha pasao a muchas, lo tengo por cierto.
Después del permiso, que pidió a mi padre,
ya podía mi novio, venir por las tardes
Estaba la abuela, sin pestañear,
sentá en la camilla, no podías ni hablar.
Y me amonestaba antes que viniera:
Cuidao con la enagua, y las manos fuera.
A pesar de eso, el mú aprovechao,
o me daba un beso, o me hacía un morao.
Como era mi abuela la que nos cuidaba,
y se levantaba a la madrugá,
muchísimas veces, daba cabezás.
Un día, que la vimos adormilailla,
corriendo nos fuimos tras de las casillas.
Pepe me arrastraba, yo retrocedía.
Juan y Medio dice, con su picardía:
-"¿Tú no disfrutabas, es que no querías?"
-"Yo estaba asustada, aquello dolía"
Ahora Juan y Medio, consulta a la sala,
lo hace sin palabras, solo con miradas.
En la sala suenan murmullos sin cuento,
que no dejan claro, si blanco, si negro.
-"A los cuatro meses, aquello abultaba,
hubo casamiento, la gente ya hablaba.
Como fue de prisa, no teníamos nada,
gracias que mi suegra nos prestó una cama,
y un cuarto, que hizo, juntando las tablas.
Pero si en la noche te extralimitabas...."
El público, ahora, ríe a carcajadas.
-"Lo que yo soñaba de color de rosa,
se puso muy negro, después de la boda.
Vivir con la suegra y con dos cuñaos,
que aunque yo limpiaba, no tenían cuidao.
porque ya en la puerta, había un empedrao,
por el que a la cuadra, entraba el ganao.
Allí, embarazada, mi paz añoraba.
¡Esto no es aquello con que yo soñaba!.
Pepe era muy bueno. Todavía sumiso.
Con una hipoteca, compramos un piso.
cuando nació el niño, nos fuimos de allí.
Durante algún tiempo me sentí feliz:
mi casa, mi Pepe, solitos al fin.
Y si hay condiciones, el amor florece.
cinco hijos nacieron de Leonor y Pepe.
Papillas. Pañales. Se está resfriando.
Se le cayó un diente. Otro ya está andando.
Por amor a ellos, me fui descuidando,
y cuando acordé, Pepe me engañaba con otra mujer.
Siempre disgustado, se le vio cambiando.
Ya no respetaba que estaba criando.
saliendo y entrando si estaba fregando,
volviendo a acostarse ya de madrugá.
Yo quería dejarlo, me tenía cansá.
mandando, exigiendo, no quería que hablara con la vecindad.
Él no tenía amigos, ni fútbol, ni na,
y con las vecinas, la tenía tomá:
Qué vieja, qué fea, esa está chalá.
Le pega a los niños, que no han hecho ná.
Tendría que dejarlo, pero a estas alturas,
la gente, mi madre, la vecina, el cura.
Y no es eso solo, que está la hipoteca,
que a nadie  le deja levantar cabeza.
Le temía al escándalo, tenía que aguantar.
Y pensé dejarlo para más allá.
Hace quince años, Pepe se me fue
No era buen marido, pero pienso en él,
me siento muy sola al atardecer
Lo que estoy buscando, bien pudiera ser,
de sesenta años, nada de beber,
que no tenga hijos, fumar, un poquito,
mejor que esté sano y tenga buen tipo.
Y no dice más, porque ya el teléfono, empieza a sonar.
Juan y Medio coge el auricular.
-"déjate de nervios, la suerte está echá .
Una voz potente lanza el altavoz:
-"Me llamo Agapito, me gusta Leonor,
esta es la razón porque llamo yo.
Juan y Medio dice: -"pregunta, Leonor".
-"¡Buen día, Agapito" y pienso en silencio:
-"¡Hijo de mi arma, qué nombre te han puesto!"
quisiera saber, tus años, tus gustos y cual es tu pueblo,
tus hijos, tu casa, detalles sin cuento.
Mi casa la tengo junto al mar azul,
ya tengo sesenta, y me gustas tú.
Yo sigo soltero, estoy pa estrenar.
Vivo en mi cortijo, tengo un buen pasar,
dos perros, tres gatos y mucho terreno para cosechar.
Si algo no te gusta, no pases cuidao,
que eso lo cambiamos como está mandao.
Y del asuntillo, del baile y viajar,
pecata minuta, que bailar ya sé.
Y nada de INSERSO, que en Mercedes Benz,
nos desplazaremos si te viene bien.
No bebo, no fumo, mido uno noventa,
y aún con la chaqueta, no llego ni a ochenta.
Leonor le contesta con sonrisa abierta:
-"Pues al parecer, vas que ni pintao.
-¡"Caramba, Agapito, ¡cuánto me has gustao!
Cuando nos veamos, podemos tratar
algún detallillo, cosita de na".
Y es que está pensando, que con ese nombre,
difícil lo tiene para enamorar.
y quizá por eso,  estas alturas está pa estrenar.
Leonor se levanta, y muy natural,
se dirige al público, le hace callar.
-"¡Gracias Juan y Medio, porque eres genial,
dando a los mayores la felicidad!"

Brígida Rivas Ordóñez



sábado, 6 de enero de 2018

La Srta. Chichí

Clide Gremiger

Argentina




−¡Señorita Chichí! ¿Se acuerda de mí?
La anciana miró al almacenero y tuvo deseos de decirle que no, pero el hombre le sonreía con una mirada tan tierna que sólo se atrevió a responder con un gesto amistoso.
−¿Se acuerda lo mal que me portaba? Todavía tengo la marca del punterazo que me dio cuando metí un ratón en el armario. ¿Se acuerda? Mire si ahora hiciera eso. Sabe el lío que se le arma. Las cosas están al revés, ¿vio? Antes a las maestras las respetaban; ahora las tratan como a trapo de piso. Menos mal que usted ya está jubilada... ¿Cuánto le doy de mortadela?
Mientras el hombre, sin dejar de hablar, acomodaba la bocha de fiambre sobre la máquina, la mujer tanteó los billetes en el bolsillo derecho de su abrigo y sintió vergüenza de la miseria representada en esos escasos veinte pesos doblados en cuatro, pero supuso que debía mantener el orgullo de maestra y respondió:
−No pensaba comprar nada, así que salí casi sin dinero.
−¡Por favor, mire si le voy a cobrar a mi querida Señorita Chichí! Porque usted fue la maestra que yo más quise... Con punterazo y todo.
El hombre hablaba y reía, todo junto, con mirada franca y amplia sonrisa. La felicidad del reencuentro con su maestra de segundo grado de la primaria, le brillaba hasta en las mejillas, rosadas como el rostro de un bebé. La barriga se le agitaba debajo del delantal, atado casi a la altura de las axilas. Muchos años habían pasado, pero él recordaba la prolijidad del rodete de la Señorita Chichí. Lejos de ese rodete estaban los cuatro pelos blancos que se notaban lavados y peinados muy de vez en cuando. Pensó en la miseria que cobraban los jubilados y exclamó:
−¡Pero qué tonto! Usted se merece un buen jamón crudo con queso parmesano.
−No, por favor, la mortadela está bien. Me gusta.
−De ninguna manera, acépteme este regalo aunque más no sea por el año que me tuvo que aguantar.
Sin demoras, las manos del almacenero cambiaron la mortadela por el jamón, que cortado en fetas se fue apilando sobre papel transparente. Luego el queso y finalmente una tira de baguette. Ella extendió su billete, pero él se lo volvió a introducir en el raído abrigo gris y la apretó en un prolongado abrazo, mientras colgaba la bolsa en el brazo de la anciana.
La mujer caminó por la calle sin mirar atrás. Si giraba la cabeza por un instante, la culpa la haría volver para decirle que él estaba confundido. Pero cómo explicarle que su vida había transcurrido muy lejos de los libros, simplemente porque ella apenas si sabía leer silabeando... Tal vez podría haber desarmado la confusión, pero en el fondo le hacía mucha ilusión ser la Señorita Chichí de ese buen hombre.
Publicado en
www.clidegremiger.com